Swaels, Maria Sedeni

El reloj marca las 15:53 p.m. del día 24 de junio de 2012. Hace un ratito terminé de desarmar el bolso. Ya voy por la primera tanda de mates desde que llegué a casa (como si no hubiera tomado suficiente en el viaje, jajaja), he indefectiblemente me senté a escribir estas líneas que, espero, puedan dar testimonio de lo que significó para mí este Check Out de Open Water en Puerto Madryn que, a estas alturas, y dados los acontecimientos, fue mucho más que eso.Y aguarden…porque no se por dónde comenzar…como describirles que, desde aquel día en que me presenté en la casa de Leo y nos encontramos de “casualidad” (escrito entre comillas porque fue un mediodía de un día elegido al azar), supe que esta aventura iba a deparar conocer personas y lugares inimaginables. Conocerlo a Leo es tener la certeza de que el buceo “es un camino de ida” haciéndote contagiosas las ganas de querer saber de “que se trata esto de bucear”. Hasta ahí todo bien, hasta que conocí a quien daría el curso: Bruno o “Mauro”. “Es decir…” la seriedad se fue al cuerno, jajajaja. Y si le sumamos a mis compañeros de curso: Hugo (o Esteban) y Víctor (o Julio), imposible pasarla mal. Huelga decir, que Esteban, o sea, Hugo era el sujeto portador de la cualidad de cambiarte el nombre en un instante y sin causa aparente.De esta manera, las clases teóricas, acompañadas de mates y risas, nos permitieron hacer el primer abordaje en el mundo del buceo. La primera vez que armamos nuestros equipos que, implicó conocer todo un nuevo lenguaje como “enclochar”, “clipar”, “power”, O-ring, D-ring (una cosa de locos!!!) y fuimos al agua…no hacía más que constatar que había tomado una de las mejores decisiones de mi vida. De ese día en adelante, todo ocurrió de manera vertiginosa: siempre deseosa que llegaran los jueves y viernes en que íbamos a lo de Leo a tomar nuestras clases (que, confieso, el manual de open water lo leí e hice sus ejercicios dos semanas antes de arrancar el curso de la ansiedad que tenía, o como cuando limpié mi luneta nueva: un viernes a las 7 de la mañana!!). Pasando la tercer clase Leo nos propone hacer el Check out en Puerto Madryn. Definitivamente, era algo impensado para mí. No paraba de decirle “en serio”? cada vez que nos contaba que además de hacer la certificación, íbamos a bucear con lobos (en serio?), hacer naufragios (en serio?), hacer profundos (en serio?), usar traje seco (en serio?). A lo cual más de uno diría “pareces mogólica”, jajaja. Pero, no podía salir de mi asombro. Era asumir una empresa para la cual sentía que me faltaba muchiiiisimo por recorrer. De más está decir: FUI A MADRYN.Desde ese momento, toda otra actividad paso a ser irrelevante, quedó relegada a un segundo plano (mis colegas de la facultad, amigos y familiares son testigos de cómo una persona puede volverse monotemática, sisi).Conocí a mis compañeros del Grupo Madryn; la buena vibra se percibió a partir de entonces. De ahí en más, solo restaba rendir el examen teórico (importantiiisimo!), hacer las últimas prácticas y, finalmente, aprestarse para la salida.Así fue como un 18 de junio de 2012 a las 16:00 hs, partíamos siete personas hacia Puerto Madryn: todos con las expectativas puestas en los buceos que se avecinaban y, particularmente quien les escribe, superar exitosamente el examen práctico para convertirme en buzo. Pero ni en mis mejores sueños pude, aunque sea por un instante, dimensionar lo que estaba por vivir.Ya desde que tomamos posesión del colectivo que nos llevó a Madryn (porque fue una “toma”, jajja), el viaje fue una explosión de energía positiva y buena onda que siguió corriendo, creciendo y afianzandose con el correr de los días.Y llegó el día: 20 de junio de 2012. Una hermosa mañana, todos listos con los trajes secos y demás equipos, a bordo del bote con rumbo: Parque Las Piedras. Profundidad: 6 mts, temperatura del agua: 11°, visibilidad: 10 mts. Al agua!!!! Guaaaaaaaaaaaaaa Aprendí en ese momento a tirarme hacia atrás (lo había visto tantas veces en documentales y yo lo estaba haciendo!!!!). A partir de ese instante fue, literalmente, conocer un mundos nuevos: el externo, el que te ofrece la naturaleza escondida bajo un manto de agua y el interno, el mío, que se abrió gozoso y dispuesto a dejarse llevar por aquello que estaba empezando a descubrir y, en igual medida, preparado para aprehender un sinfín de experiencias que comenzaba a vivenciar.Porque las palabras que mejor definen mi experiencia son esas: Descubrimiento y Aprendizaje.Descubrir el encanto, la magia, el misterio, el silencio, la paz y el respeto por un mundo que se está bajo nuestros pies invitándonos a recorrerlo, a escudriñar y desentrañar el sortilegio de su existencia. Mi primer buceo en una restinga, que me recibió con los lobos jugando a nuestro alrededor, el Albatros bellísimo, la lobería y una recepción única, El Barco con un mar embravecido que desafiaba el espíritu y forjaba el temple, el Miralles majestuoso que dejó conocerse por dentro, todos con su estallido de biodiversidad y para finalizar, y más fascinante, el privilegio de ver a la ballena franca bajo el agua. Las esperamos en el cabo del Miralles, ansiosos porque escuchábamos su sonido pero no la veíamos, hasta que aparecieron imponentes debajo de nosotros. Fue un momento sublime, te quedas inmóvil, solo escuchando tu respiración, se detiene el tiempo, tu atención se centra en la admiración de esta colosal maravilla viviente, porque el paso de la ballena franca delante de tus ojos se lleva todos tus sentidos!!!;Descubrir el placer de hacer una actividad en conjunto, que requiere de solidaridad, ayuda mutua, el cuidado por el otro, “es decir”…compañerismo. Cris, compañera de un corazón gigante e intrépida; Rafa, compañero siempre atento y dispuesto a ayudar (las veces que me dio una mano para sacarme las aletas y así subir al bote!!); Tincho, compañero atento a que me sintiera bien (para ser justa, igual que Rafa, no por nada buceaban juntos…hmmmm, jajaja); Yami siempre con una sonrisa y una palabra amable y alegre para decir, y tuve el privilegio de que fuera mi compañera de buceo en el Albatros; Leitooooo, Maestro!!!! No me alcanzan las palabras para agradecerte por esta experiencia, por creer en mi, por brindarme la posibilidad de entrar a este mundo maravilloso que es el buceo y su gente, por tu generosidad, por la palabra precisa, por el encuentro, por llevarme a conocer el Miralles, por la buena onda!!! Y Mauro, digo…Bruno!! jaja Que todos se enteren que…”pareces mogólico”, jajaja. Soportaste con la mejor onda todas y cada una de las pavadas dichas durante el curso, hasta el piquete que hice bajo el agua el día que no podía hacer el “chinito”!!!! Me enseñaste las habilidades, me enseñaste a que el buzo es tranquilooooo, me enseñaste a que nunca deje de respirar, me enseñaste lo importante que es el compañerismo en el buceo cuando me tomó la vida (o el tanque mejor dicho,jaja) en descender al Albatros porque me costaba compensar los oídos, por transmitirme tranquilidad en El Barco, porque siempre estabas pendiente de si estaba todo “ok”, porque siempre estabas ahí, porque junto con Leo me enseñaron a SER BUZO, gracias!A todos Gracias. A todos mis compañeros Chapeau!!!!Y finalmente, un agradecimiento especial a mi viejo, que así como me contagió su pasión por volar, me enseñó por sobre todas las cosas, que el mundo pertenece a quien se atreve, y que a la vida hay que abrazarla y vivirla con pasión.Moraleja: Descubrir que los límites no existen, salvo los que nos imponemos a nosotros mismos.Y esto…recién empieza.