Salessi, Luis

Esto del buceo ha estado seguramente algún tiempo dentro nuestro sin que lo supiéramos. Algunos amigos me hablaban de una antigua y famosa serie de televisión o de películas o de las filmaciones de Jacques Cousteau y su Calypso o del Capitán Nemo y su Nautilus.Personalmente siento de modo distinto. Me parece que algo nos liga con el agua y, específica y preferentemente, con el mar.Desde luego la playa y los cuerpos bronceados disfrutando del sol también están presentes.Necesariamente, un espíritu aventurero, sin el cual, no hubiéramos dado el primer paso.El caso es que ya estamos adentro porque nos cruzamos con un personaje que se las trae, autor de esta página, desde la cual les estoy trasmitiendo mis pensamientos, mi cariño, mis experiencias y mi amistad.Cuando le dije a Leo que quería obtener un carnet que me permitiera ir a esos lugares hermosos donde se practica buceo, me contestó lacónicamente: “yo formo buzos” (sic) y así empezamos. Como se advierte, un poco a los porrazos y otro a los empujones.La calidad del curso de “Open water diver” fue sencillamente excelente.Comprendí que bucear es algo más que un entretenido pasatiempo. Hay que aprender bien a hacerlo, porque hacerlo mal es peligroso. Creo que en alguna conversación usamos el símil del esquí. También me dijo “aquí nada se ata con alambre”.Así me adentré en los secretos, las técnicas, las teorías, las destrezas, los miedos, las angustias y las alegrías de mi nuevo deporte.Hay que tener “hambre” de aire y aguantarse; que se llene de agua la luneta y resoplar, ya que no se llena de agua una sola vez; que sacarse el Chaleco y ponérselo, dentro y fuera del agua; que hacer la ronda del “chupete” entre cinco y que alguno se demore mientras esperamos nuestro turno; que acomodar el tanque y que no se caiga el lastre; tener frío y como si tal.... Ustedes pensarán que soy masoquista, pero no es así. Luego de superada cada prueba me sentí placenteramente gratificado. Y me estaba preparando para ser buzo y poder ir a las playas doradas de agua azul traslúcida de mis sueños. Para probarnos que habíamos hecho las cosas bien, allá por diciembre del 2007, dejamos la pileta y nos fuimos a Colonia a la Cantera de Ferrando, lugar espantoso, si los hay, para bucear.Pero es necesario templar el carácter  para ser un buen buzo; y la Cantera; además de posibilitar la práctica, cumple con ese propósito. La adversidad refuerza la camaradería, que es amistad y preocupación por tu compañero y tu grupo. Esta, es una actividad afectiva, porque tu amigo te acompaña y te cuida.Les digo que, después, el orgullo es insoportable y gratificante.Y aquí estoy en vísperas de partir para mi check out en “stress and rescue” nuevamente en Colonia del Sacramento, de nuestra querida República Oriental del Uruguay, ya que del otro nombre no quiero ni acordarme.Pero, para el final, guardé lo mejor: en junio nos vamos todos a Cozumel y ahí sí, a disfrutar de la alegría, del paraíso de las arenas suaves, el sol ardiente y el mar azul y transparente.Me lo gané.Soy un buzo.La Plata, marzo de 2008.
FERNANDO DE NORONHA (2009) Un buceo. Solamente uno. Para todos mis amigos buzos, Luigi.¿Qué se siente… miedo? No, miedo, no. Pero mejor te cuento todo, porque se sienten muchas cosas. Cuando te dejás convencer por Leo, te parece que sos un grande del buceo. Pensás en un montón de cosas… pero, total, falta mucho. Cuando llegás a Fernando de Noronha ves tantas cosas lindas y hacés unos buceos tan bárbaros que no te acordás del tema. Cuando te reunís con los candidatos para que te explique el Master Diver de Atlantis cómo va a ser la cosa te parece lindo y … fácil. Cuando te ponen a prueba para ver si podés hacer la inmersión te matás, flotas como quien vuela y casi no respirás para volver con el tanque lleno. La noche anterior. Bueno, la noche anterior, es otra historia. Estás preocupado, no te dormís como todos los días ni bien ponés la cabeza en la almohada. Pensás que, pase lo que pase no podés subir a la superficie… y vas a estar a casi 60 metros de profundidad. Claro que va Leo; y tres master divers locales … pero … y si me narcotizo? ¿Y si sucede un accidente…si me enredo en algo … si engancho el equipo en algún pasaje de la Corbeta… si pierdo el control? No, el control no voy a perderlo, de eso estoy seguro. Algo comienza a afirmarse en tu interior ¡claro que no perderé jamás el control! Avisaré de cualquier accidente. Todos los master divers están preparados para ayudarme y con los equipos de dos tanques con capacidad para llevarme tranquilamente a la superficie. Tampoco son mancos mis compañeros. Somos uno. Es decir, invencibles. Te juro que dormís convencido que sos un buzo capacitado y nada puede pasarte. La mañana siguiente ya la suerte está echada y te sentís impaciente por lanzarte al agua. Todo el equipo revisado … varias veces … estamos llegando …¡Vamos de una buena vez: al agua! Descendés por unos cabos y el master diver te guía despacio. Leo hubiera querido bajar más rápido para tener más tiempo de buceo en la parte profunda. Pero las normas de seguridad han cambiado y se han hecho más conservadoras. O sorpresa! sin darte cuenta, los oídos se han abierto y no sentís ninguna molestia. Ya se ve la silueta de la Corbeta allá abajo … es enorme. ¡Llegaste! No lo podés creer. La visibilidad es impresionante y mirar hacia arriba te recuerda lo profundo que estás. Todo se hace conforme a lo planificado y conversado una y otra vez. Te desplazás por la cubierta en el sentido programado y das la vuelta a todo el magnífico naufragio, con las paradas previstas para ver todo y para dejarte fotografiar como una exigencia justificada de tu ego. La Corbeta Ypiranga yace el lecho marino en posición de combate. Inspira respeto es ... hermosa. Comprendo que es un buque de guerra hundido, sí, todo lo que quieras, pero es hermosa y serena. Reposa allí con vaya a saber que dejo misterioso de satisfacción por la labor cumplida de quien navegó gallardamente los mares hasta que decidió gozar de un descanso acaso merecido. No importa. Allí estará en mi recuerdo para siempre. Orgullosa vaya a saber de qué, exhibe su prestancia en fondo del mar. Porque, ¿dónde sino van a morir los barcos? La rodea una paz difícil de explicar. Es un sentimiento que solamente puede llevarse en lo profundo del alma y compartirlo con quienes la han visitado. Es tan fuerte la impresión que no sé si volvería a visitarla. Sería como una profanación turística a algo místico y único. Desde luego, no afirmo estar cuerdo, sino que es lo que siento en este momento en forma personal. Y luego el ascenso, la flotabilidad neutra perfecta, con la parsimonia de un veterano, haciendo todas y cada una de las paradas de acuerdo a lo programado y ya encontrando en la mirada de tus compañeros y amigos, en sus sonrisas, algo que no les habías visto antes de bajar. En la superficie, empujados por las olas, unos abrazos que transmitían también sentimientos difíciles de explicar, amistad, camaradería, la alegría del triunfo…formas de felicidad al estilo de cada cual. En fin, qué otra cosa decirte. ¿Miedo? No, nunca tuve.