Fraile, Rafael

Alguien me pregunto hace un tiempo qué era el buceo para mí, que por qué me había acercado al
mismo, que qué cosa me atraía. Había mucha gente presente y respondí solo con la pasión… pero me quedo
el aguijón de reflexionarlo, madurarlo. Así que me vuelvo a realizar la misma pregunta….

El otro día dando una clase en una de las facultades, comencé a contarles a mis alumnos sobre las
causas y el origen del filosofar… y en un momento no sabía si estaba hablando de filosofía o de buceo…

¿Tengo acaso narcosis? No lo creo. Ciertos autores –y comparto- sostienen que la filosofía empuja
a la inteligencia y a la voluntad a la contemplación de la verdad, de la realidad, a pararse frente a la
cosa porque sí, gratuitamente tal lo hace un poeta frente a la prosa o un Romeo frente a su Julieta… y
descubrir en esa realidad la belleza, la unidad de la simplicidad, la bondad del objeto…Eso es filosofar, es
buscar la sabiduría más profunda en forma desinteresada…hurgar en la realidad misma sin otro fin que el
comprender…

Hace unos días unos compañeros de actividad se fueron a bucear a Ushuaia… con -4º de
temperatura… ¿qué fueron a buscar? ¿fama? ¿un diploma? ¿un Guiness? Nada de eso y si estimo que tiene
que ver con todo lo plasmado en el párrafo anterior… Deduzco que su inteligencia ansiaba ver la verdad
del canal… la realidad misma de las centollas o los bosques de kelps, y no meras imitaciones, querían
contemplar la realidad… y digo querían, pues su voluntad los empujaba viendo en esa verdad un cierto bien
para sus almas, un gozo… y si esto no fue así entonces no se que sentido tiene el bucear….

No hace mucho tiempo atrás comencé con esta actividad y nuevamente pido el amparo de la
filosofía… hay causas que llevan al filosofar, tales como la contemplación, las situaciones límites, el ocio, en
el fondo, todo aquello que es y posee un niño de pequeña edad…

Recuerdo el primer día que ingresé en la pileta, con el scuba y poco más que ganas. Aún no se si
fue pánico o admiración o quizá las dos… fueron diez centímetros de profundidad los que marcaron la
diferencia, no puedo explicarlo, pero por un momento me paso por la mente que estaba desafiando a la
naturaleza al ingresar a un mundo vedado al hombre, venciendo uno de los límites de los más simples y
complejos a la vez…

Esa noche fue larga… y encima al otro día había que volver, curso rápido de verano…
Cuantas cosas, Dios hizo la creación y nos la dio pero sabiamente, sabiendo que destruimos todo lo
que tocamos, nos regalo y guardo el 75% de ese tesoro bajo el manto del mar… y yo estaba siendo de los
privilegiados que estaba ante el umbral de tal maravilla, ante el umbral de la contemplación infinita del mar y
su Creador…

Tardíamente, hace unos días, en el primer buceo en el mar, pude observar como mis compañeros
primerizos de aventuras se maravillaban ante los cardúmenes, los peces globos, etc. Recuerdo que vencidos
los problemas técnicos iniciales, goce de la vista que anticipadamente había imaginado y sentí una
plenitud imposible de comunicar, tanto que perdí la noción del tiempo, del espacio, simplemente mi alma
acompañaba al cuerpo en la ingravidez, todo mi ser flotaba, contemplaba al mundo, sus regalos y porqué no,
a la inteligencia de su Creador.

Prosigamos, el segundo día de pileta, fue desastroso, estaba en la pileta pero sólo una parte de mí. Otra
seguía sin saber que me pasaba, tanto que a los pocos días de estar en la pileta solo, viendo el agua, sintiendo
el sonido de la respiración entendí que lo que me pasaba era buenísimo, estupendo, superlativo. Ese miedo al
agua, a lo desconocido comenzó a disminuir… zona de confianza y confort le dicen, ¿no?
Un nuevo mundo se abrió. En una de las clases le dije a Leo que en sus manos estábamos poniendo
nuestras vidas… y le pareció excesivo… pero yo aún no tenía claro de que estaba hablando… de esto estaba
hablando.

Párrafos arriba mencionaba a las situaciones límites, entendiendo por tales a aquellas que nos
sobrepasan, que nos ponen en perspectiva lo importante… seguro que lo han vivido. Algunos alumnos me
dicen que no tienen tiempo… que tienen mil cosas, hasta que alguno, sobre todo los del interior, sufren
alguna contrariedad y se encuentran solos en esta ciudad, y entonces, todo lo que era importante ya no lo es,
todo se reduce a la pregunta de ¿ahora, que hago? ¿qué es lo importante? ¿cómo sigo?

Eso me pasó, parafraseando al gran Hamlet, la cuestión en la pileta era ¿respirar o no respirar? ¿vale la
pena sobreponerse a este stress? Tenga en cuenta que cuando le conté a mi madre que había incursionado en
un curso de buceo, casi con estupor exclamó: ¿vos a bucear que nunca te metiste ni en un fuentón? En fin…
las madres son sabias.
Fue allí donde le prometía a Leo que me convertiría en un buzo, en un buzo TRANQUILO. La verdad
que el premio por perseverar se mostraba con suma fruición…

Ni hablar del ocio… esto del buceo es tan ¿? que por primera vez en 18 años de trabajo tomé en serio
la cuestión del ocio… y finalmente, después de tanto leer de filosofía y sobre mis queridos griegos, en un
barco alejado de la costa entendí que era el ocio sumado a la contemplación y las preguntas límites… aunque
agradezco eso de “mejor tarde que nunca”

Pero no solamente esa cuestión significa el buceo… siempre he leído que la medida en el buceo es dos,
me hablaron del sistema de compañeros, leí que alguien había publicado un eslogan que dice que "bucear es
un placer y que si es con amigos, es doble ese placer…”
Sinceramente no lo comprendí, nunca pasó a ser el tema más que un problema de cuidarse la espalda,
de un par de normas de seguridad. Por lo que mencionaba antes tenía toda la sensación de que el buceo era
una cuestión interior, de asimilación, de nutrición intelectual y afectiva, de intimidad, pero en solitario, en un
solo sentido, en un entrar y permanecer en lo profundo de nuestro ser.

Me equivoque.

Ya en el aludido primer buceo en el mar, las cosas me comenzaron a resultar raro, casi todos hablaban
el mismo idioma, las mujeres y los hombres, los con experiencia y los sin, los pequeños y los grandes… Era
un microclima, no había egoísmo, no estaba presente la selva diaria del sálvese quien pueda, todos estaban
ociosos, sin apuro, disfrutando… Fue duro comprender como gente que no había compartido más que una
combi y un avión estuvieran como hermanos, como pares…
Pero era así. Era un hecho, era la realidad misma manifestándose.

Una de esas tardes en la posada, hablando con una Señora maestra sobre su amor, su “refugio” me di
cuenta de que era lo que pasaba, y nuevamente la filosofía presente con el “ágora”
El ágora era el centro de la cultura de los griegos, el centro donde se reunían todos en la ciudad, a
platicar, a vender, a hacer política, etc. y el buceo era ese ágora… ¡Qué alegría! Comprendí, en parte, por qué
Aristóteles en su ética le brinda especial importancia al tema de la amistad…

Aristóteles sostiene que todo acto tiene un fin, que es la felicidad, pero se puede buscar este fin en
diversas cosas, y el más perfecto es la contemplación, a la cual ayuda la virtud necesariamente, y la amistad
es una de las más bellas virtudes.

En fin, sin afán de ser pesado, creo que puedo concluir que el bucear es cómo la filosofía, es un medio
de contemplación del mundo, de la creación, es una posibilidad de vislumbrar a la mano de Dios, de gozar
el ocio, la belleza, preguntarse sobre el sentido de vivir y del mundo, una máquina de hacer amigos… al
menos en este caso. Es un irse del mundo estando en el mundo… Es un ordenar al hombre en el mundo, en
la superficie todo es dominio del hombre, pero bajo, el hombre es un forastero que debe respetar el orden
natural establecido, donde se siente la infinitud del mundo y la finitud del propio ser…
Es una pasión, ordenada, racional, que exige el equilibrio del hombre en cuanto cuerpo espiritualizado,
de la persona, como intimidad gozosa.
Juan Pablo II dice que persona es quien se auto posee…, y acaso, ¿ eso no es un buzo…?
Perdón por la extensión, pero renuncio a entender al buceo como un deporte que solo permite la
inyección de adrenalina, la posibilidad del desafío. No desconozco estas cuestiones, pero estoy convencido
de que por si solas no explican ese “no se que...” que es el buceo y su mundo circundante.

Con afecto, Rafa.